Chuchingas en la Asamblea
Mientras el guarda de la entrada, por considerarlo insultante, decomisaba un cartelón en el que se calificaba de “terrorista” a Fernando Sánchez, en el Plenario, el diputado de Liberación Nacional, Olivier Jiménez, vociferaba contra una anciana de 85 años llamándola “vagabunda”.
El gran pecado cometido por doña Miriam Zamora, capaz de desencadenar aquella virulenta reacción de parte del diputado Jiménez, fue sencillamente acudir durante varios días a las barras de la Asamblea Legislativa con un cartel que pedía la renuncia de Fernando Sánchez, coautor del memorando del terror.
Después de defender a su compañero de fracción con argumentos como que lo del memorando ya había pasado, que Fernando Sánchez ya había ofrecido disculpas y que más bien había que admirarlo por eso, Olivier Jiménez, en solemne sesión de la Asamblea Legislativa de Costa Rica, la emprendió a grito pelado contra la anciana diciéndole que ella era una vagabunda, que qué estaba haciendo ahí, que tenía que estar en la casa rezando el rosario. En reiteradas ocasiones la llamó vagabunda a ella en particular y también a todos los que estaban ahí.
Como era de esperar, el napoleónico Francisco Antonio Pacheco, presidente y director de la Asamblea, en vez de llamar al orden, permitió que el malcriado diputado se diera gusto descargando toda su cólera contra los presentes en las barras. Pero claro, sí se tiró de la silla para encabritarse contra una Mujer de Blanco que, en respuesta al exabrupto del diputado Jiménez y con justa razón, escribió en un cartel la palabra “chuchingas” junto con su definición: “costarriqueñismo que se refiere al machista capaz de ofender a una mujer”.
“¡He sido muy tolerante pero eso sí es demasiado!”, exclamó Pacheco dándose por aludido, a la vez que ordenaba retirar el cartel.
En otro extremo del Plenario, la también liberacionista, diputada Ofelia Taitelbaum, hacía lo propio en defensa de su compañero, y al terminar su pantomima, tras no percatarse de que el micrófono seguía encendido, con tono de quinceañera alborotada se dejó decirle a una compañera “¡¿Viste qué vacilón lo que le dijo Olivier a esa vieja?!
Mientras que doña Miriam, a través del grueso cristal que se interpone entre la barra del público y el Plenario, se comunicaba con el diputado Alberto Salom, del PAC, escribiendo en un papel que ella fue maestra de escuela por más de 55 años y que a esas edades tenía todo el derecho de ser vagabunda.
Algunos diputados, sintiendo vergüenza ajena, tomaron la palabra para disculparse con la valiente anciana, pues Olivier el iracundo apenas si se disculpó. Aun así, en la mayoría mecánica de 38, como lo ilustra muy bien el caso de Taitelbaum, y a excepción de los libertarios, imperó un silencio cómplice con el que se pretendía disimular la gravedad de la ofensa.
Además de doña Miriam, esa tarde del jueves 18 de octubre llegamos unas quince personas a pedir la renuncia del diputado Sánchez, que durante toda la sesión se la pasó hablando por sus teléfonos celulares para no tener que dar la cara. Más tarde, el protegido de los Arias Sánchez le manifestó a un medio de comunicación que, en lo que a él se refiere, ya había pasado la página del memorando, y que en vez de renunciar, ahora tenía que trabajar muy duro para darle un buen ejemplo a su hijo recién nacido. Sin embargo doña Miriam también está dispuesta a “vagabundear” muy duro, pues afirmó que seguiría asistiendo a las barras a pedir la renuncia del diputado, coautor del documento donde se define la estrategia con la que se perpetró el fraudulento referendo del TLC.
Considerando la desmedida reacción de Olivier Jiménez y sus iguales, el efecto que produjo en los diputados el verse frente a frente con una patriota de 85 años, y teniendo en cuenta que los partidos del grupo 38 andan como locos haciendo lo que les da la gana en la Asamblea Legislativa, no sería raro que el régimen tomara medidas dictatoriales como impedir que se ingrese con carteles a las barras.
Una medida en ese sentido no sería extraña pues existen antecedentes. Antes se permitía que las personas ingresaran a las barras con carteles en blanco, sin embargo ahora hay que llevar el mensaje ya escrito para que el guarda de la entrada principal del edificio, especialista en pedir cédulas, se encargue de decidir cuál cartel pasa y cuál se queda. Y efectivamente hay verdades que no pasan.









