El filibustero
Cuarenta años después se cumplieron y con creces los sueños de aquél jovenzuelo pálido y acomplejado que en una aula universitaria defendió con tanta vehemencia a los filibusteros.
Porque la gesta de 1856 fue un retroceso, el aplazamiento de lo inevitable, hay que recuperar el tiempo perdido y entonces en cuestión de un par de años el tirano ha arrasado con más de un siglo de historia.Independencia, soberanÃa, libertad, igualdad, justicia… son conceptos que deben reinterpretarse a la luz de la globalización, donde la democracia es una guerra electorera en la que se vale cualquier cosa y los ciudadanos no son más que votos.
En un abrir y cerrar de ojos el ungido mediático reinstauró la tiranÃa en democracia. Sus más de mil mercenarios tomaron por asalto las instituciones. Dictaron leyes y resoluciones, firmaron acuerdos, compraron conciencias, decretaron estado de miedo.
Se encontraron al pueblo en las calles y lo pisotearon. Dividieron el corazón de la patria. Sembraron odio y cizaña entre hermanos y cosecharon fraude.
Dos años de conquista y dos años para repartirse el botÃn. Las telecomunicaciones, los seguros, el agua, la salud, las semillas, los mares. El filibustero lo ha entregado todo como si fuera suyo.
Cuarenta años después el tiranuelo por fin puede alzar la copa para decirle al mundo que él tenÃa razón. Se hizo su voluntad. Ya todos saben que no era un simple loco con delirios de grandeza sino un visionario, un estadista que sabÃa que el dinero habrÃa de triunfar donde las armas habÃan fallado.


