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La ansiada inauguración

Escrito por chiflis el en La Palestra

La inauguración del nuevo estadio fue todo un espectáculo, al menos hasta que empezó el partido de fútbol. Salvo ese pequeño detalle, todo lo demás estuvo genial. Gracias a los chinos ahora sí podemos decir con orgullo que somos el país más feliz del mundo.

Y cómo no serlo, si aquí todo es charlatanería, una pura payasada.   

Empezando con el estadio: los chinos hicieron un excelente trabajo, se nota que no es el primero que regalan. Lo construyeron en tiempo record y les quedó perfecto. La iluminación, el diseño, el manejo del espacio, el sonido, las pantallas gigantes, los interiores…bueno, les quedó perfecto; comparable en majestuosidad únicamente con el Puente de la Amistad que nos regaló Taiwán. Lo entregaron prácticamente listo, lo único que teníamos que hacer los costarricenses para empezar a patear bola era poner los marcos y demarcar la cancha, ¡y ni eso pudimos hacer bien! Tuvo que ser una delegación de la FIFA la que advirtiera en la inspección de rigor la inconsistencia en las medidas. Y aunque ese fue un error fácilmente corregible, la noche de estreno afloró la idiosincrasia futbolera de algunos pachuchos que causaron destrozos más preocupantes, de seguir al mismo ritmo en menos de un año vamos a quedarnos sin joyita de qué presumir. En cualquier momento sale algún iluminado del gobierno diciendo que lo mejor es darlo en concesión.

En cuanto a los actos culturales de la inauguración, propiamente baile y canto, los chinos también se pusieron una flor en el ojal, como era de esperar de una cultura tan rica. Antes de que iniciara el espectáculo chino se dio una cuestión que en verdad no sabría definir: pusieron la música de una canción de moda y unos niños ubicados alrededor del círculo central de la cancha empezaron a batir los brazos y moverse raro. ¡¿Qué fue eso?! No se sabe, pero no hay duda de que fue algo organizado por los costarricenses.

Lo cierto es que desde el inicio de la actividad, en el momento de los discursos, se echaba de ver que sería una velada muy divertida. Tenemos un estadio de lujo, y un ex presidente de lujo, premio Nóbel de la Paz, que no se cansa de que lo abucheen. Pasó cuatro años escondiéndosele a la gente, y un año después de haber legado la presidencia sigue recibiendo el mismo trato cuando aparece en lugares públicos: tremenda rechifla que dice más que mil palabras. Quizás por imprudencia, o más bien por astucia, doña Laura se le jugó: viendo la chiflada que le habían pegado a Oscar Arias, aprovechó su discurso para agradecerle efusivamente a su predecesor la magna obra, brindándole a los presentes la oportunidad de abuchearlo una vez más.

Y ni qué decir de la vacilada que nos pegaron con el cuentazo de la selección argentina. Durante meses nos vendieron la idea de la selección titular y de Messi y todos sus secuaces, fue un evento tan esperado y promocionado como el concierto de Shakira, mucho más valorado que el partido contra los chinos que nos regalaron el estadio, para muchos era como un sueño, la selección de argentina en la inauguración de la joyita, las noticias deportivas dedicaban especiales a “la pulga”, uniformes del 10 argentino se vendían en todas las esquinas; se les recibió como reyes: en el aeropuerto, en el estadio, en el hotel y en las calles, adondequiera que fueron encontraron fanáticos aclamándolos…bueno, si hasta la distinguidísima presidenta Chinchilla salió a la gramilla a saludarlos de mano antes de que iniciara el juego. Y todo para que los vivazos terminaran poniendo a un rejuntado de jugadores que ni siquiera se han ganado un lugar en la banca. Así es: las estrellas argentinas vinieron a pasear. Los voceros de Messi alegaron una supuesta lesión o molestia, y en cuanto a las otras figuras se dice algo así como que el contrato indicaba que la selección argentina traería a sus titulares, pero no que los pondría a jugar. Y para cerrar con broche de oro, y confirmando que somos los más felices del mundo, después de semejante estafa más de un baboso salió del estadio contento y satisfecho, en especial los jugadores costarricenses que estaban esperando que acabara el partido para salir corriendo a pedirle un autógrafo a Messi.

Deportivamente hablando, lo mejor de la inauguración fue la noche boxística. La campeona mundial Hanna Gabriel y su equipo nos ofrecieron un espectáculo memorable, y por qué no: la oportunidad de soñar que Hanna se enfrentaba a Messi en el cuadrilátero y lo hacía tragarse ese chicle con todo y dientes. Y detrás de Messi esperando su turno el boludito de Batista, el chino Li, Lavolpe y unos cuantos babosos más. Hanna tendría de sobra para todos.


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