Nuestra seguridad en manos de asesinos
Se confirma lo que todos suponíamos: el recluso Joehl Araya fue asesinado a golpes por uno o varios oficiales custodios de la sección de máxima seguridad del Centro Penitenciario La Reforma.
Casi un mes después del asesinato se filtró a los medios el resultado oficial de la autopsia, y hasta ahora, casi un mes después del asesinato, el Ministerio de Justicia decidió suspender a los custodios que pudieron tener algún contacto con el recluso la noche de su asesinato. Casi un mes después, o sea, ¿ya para qué?
Por los comentarios que he leído en distintos medios y foros, muchos costarricenses están conformes con la situación, piensan que se hizo justicia, dicen que el recluso era una lacra y que se lo merecía. Y por la reacción de algunos personeros del gobierno pareciera que, al menos de la boca para adentro, ellos también piensan lo mismo.
Definitivamente Joehl Araya no era santo de mi devoción, pero los hechos por los que se le condenó no se comparan con el cobarde y brutal asesinato de que fue víctima. Además, Joehl estaba preso, en cambio los asesinos a sangre fría que se lo echaron andan sueltos por ahí dándose unas vacaciones con goce de salario. El día de ayer fue “una lacra”, el día de mañana podríamos ser usted o yo los silenciados.
Además de la peligrosidad de esos sujetos, lo que preocupa es que con toda esta situación ha quedado al descubierto que los cuerpos de seguridad de este país pueden actuar como una verdadera mafia, y que el gobierno y la población en general no le dan al problema la importancia que se merece.
Lo dijo el ministro de Justicia: el intento de fuga se efectuó con la complicidad o negligencia grave de los custodios. La putrefacción del sistema carcelario siempre se ha sabido y nunca se ha hecho nada, al final de cuentas dentro de las cárceles hay solo bestias, que impere entonces la ley de la selva. El asalto del centro penitenciario por parte de las autoridades para retomar el control se realizó al mejor estilo fujimorista, los agentes de seguridad mataron a uno de los perpetradores pero también al único custodio que murió en el intento de fuga. Para terminar de atar los cabos sueltos, el otro preso que había liderado la fuga y que por ende constituía la principal fuente de información en caso de una investigación, fue ejecutado en su celda y al día de hoy, casi un mes después, las autoridades ni siquiera se atreven a hablar de sospechosos. Como colmo de la inoperancia del sistema, resulta que un par de días antes de su asesinato, Joehl había presentado un recurso de habeas corpus ante la Sala Constitucional alegando que era víctima de tortura así como que temía por su vida, pero también la omnipotente Sala falló en la que podría considerarse su principal función: garantizar el derecho a la vida.
No importa si Joehl Araya se merecía lo que le pasó, pues no fue por eso que se le asesinó sino para proteger a funcionarios públicos corruptos que en definitiva son los principales responsables de la muerte del custodio durante el intento de fuga. El gobierno debe identificar rápidamente a los asesinos de Joehl Araya y aplicarles todo el peso de la ley, pero también debe tomar medidas drásticas, firmes y honestas, para combatir la corrupción y el matonismo que impera en los distintos cuerpos de seguridad, no puede ser que los costarricenses debamos cuidarnos hasta de las personas que nos cuidan.
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