La jerga del político
Algo tienen los políticos que, al tiempo de estar inmersos en el mundillo, empiezan a hablar todos igual y hasta utilizan las mismas palabras.
Es como una moda. Y no me refiero solamente al desfile de alta costura en que se ha convertido la Asamblea Legislativa, donde abundan las poses, los tacones altos y las habladas de “Tica Linda”, sino a esas muletillas demagogas, palabras, frases y expresiones que suenan inteligentes y que de repente andan en boca de todo el mundo.
Hemos escuchado hablar de “buscar el consenso”, de “agenda de contenido social”, de “institucionalidad democrática”, de “gobernabilidad” y ahora la frase preferida es “no ir más allá del TLC”, en referencia a las llamadas leyes de implementación.
Al primero que se le escuchó hablar de ello fue a Ottón Solís, líder del Partido Acción Ciudadana, que en las pasadas elecciones consiguió resaltar como la mayor agrupación de oposición gracias al voto de los sectores opuestos al TLC.
Si bien es cierto Solís viene hablando al respecto desde el día siguiente al referendo, fue después de una reunión con el presidente Arias que la idea se convirtió en política oficial, tan oficial que hasta el Gobierno y su boletín, el periódico La Nazión, la acogieron como suya.
Los sonados casos de la telefonía fija y la propiedad intelectual representan los ejemplos más claros de lo que significa para los políticos no ir más allá o no excederse de lo establecido en el TLC.
Después de realizado el referendo, y después de la reunión de Arias y Solís, el oficialismo, contrario a lo que siempre había manifestado, mediante una moción al proyecto de ley respectivo incluyó la telefonía fija dentro de la apertura de telecomunicaciones negociada en el TLC. En una alianza sin precedentes otro sector del oficialismo y la oposición se unieron para denunciar el abuso, armaron el escándalo informativo de rigor, y más pronto de lo que canta un gallo la accidental alianza estaba dejando sin efecto la iniciativa sin ninguna clase de réplica de sus proponentes. Tan fácil como las cosas se hacen, se deshacen.
Ocurrió prácticamente lo mismo en el caso de la propiedad intelectual. Otra vez correspondió al diputado del Partido Frente Amplio, José Merino, quizá el personaje que ha resultado más fortalecido tras la derrota del NO, salir a la luz pública denunciando que la legislación propuesta por el Comex contenía penas exorbitantes en contra de las personas que infringieran los derechos de autor, se hablaba de sancionar con 4 a 6 años de cárcel a los estudiantes que fotocopiaran libros, y de multas que podían alcanzar los 500 salarios base. Se pegó el grito al cielo, se corrió la voz por los medios de desinformación de la oligarquía, y de pronto otra vez todos estaban de acuerdo en que las penas previstas eran desproporcionadas, y el asunto no pasó a más.
La pantomima resultó en extremo beneficiosa para todos los protagonistas. Los oficialistas, que se tienen bien ganada la fama de vendepatrias, al echar marcha atrás dieron la impresión de actuar justa y humildemente, respetando al pie de la letra la “voluntad popular” manifestada en las urnas. Por su parte la oposición, que en los últimos días ha estado recibiendo toda clase de cuestionamientos, vendió la idea de que no están pintados en la pared, que en verdad están haciendo algo en la Asamblea Legislativa, y en ese escenario han consagrado una nueva forma de oposición que consiste en no oponerse.
Ya podemos dormir tranquilos sabiendo que los diputados, el Gobierno y sus medios de incomunicación están haciendo lo correcto.
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