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Farándula y decadencia

Escrito por chiflis el en La Palestra

Hace algunos años, de viaje por un país muy civilizado, tuve la desgracia de descubrir esa plaga que llaman farándula. En esa misma oportunidad constaté que no se trataba de un fenómeno aislado sino de un mal global que ya estaba afectando a otros países.

teletica_repretelImpresionado por el grado de superficialidad que había alcanzado la televisión, regresé a Costa Rica con nuevos ojos, y cual fue mi sorpresa que, tras echarle un vistazo al medio nacional, pude ver que también aquí se estaban dando los primeros síntomas del cáncer.

Si el denigrante espectáculo me parecía ridículo en un país en el que ya imperaba la ridiculez, aquí en Costa Rica, donde apenas había unos cuatro gatos aprendices de faranduleros, la sensación resultaba todavía más chocante.  

Al día de hoy, por dicha, los faranduleros siguen siendo unos pocos personajes que solo se entienden entre ellos mismos; sin embargo, cada día son más, y cada vez con más frecuencia las televisoras los utilizan para convertir la decadencia moral del populacho en un negocio.

En efecto, cada día hay más aspirantes, personas sin raíces, sin identidad y sin cultura que sueñan con mover las nalgas y las tetas en televisión, en programas como “Bailando por un sueño” y “El Chinamo” que han llevado la vulgaridad al límite.

Desde luego que, en un medio en el que impera el rating, programas así no podrían llevarse a cabo sin la complicidad de los “teleinvidentes”, masas adormecidas que prefieren llenarse la cabeza de basura para no tener que pensar en otras cosas.

Pero, ¿qué más podía esperarse después de décadas y décadas de estar recibiendo la misma basura? En este pequeño país donde las dos televisoras que dominan el mercado se han especializado en atontarnos, en explotar los sentimientos más bajos de las personas con fines políticos y comerciales.

Al final de cuentas no hay duda de que el problema envuelve una responsabilidad compartida. Tan responsable es el televidente que se presta para el juego, ya sea viendo esos programas o permitiendo que a sus hijos los eduque la televisión, así como las televisoras, que nunca se han interesado por cumplir con su función social, que a estas alturas probablemente ni se toman en serio disposiciones legales como la contenida en el artículo 11 de la Ley de Radio 1758, según el cual “Los programas de radio y televisión deben contribuir a  elevar el nivel cultural de la nación.”


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