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Fecha límite del TLC

Escrito por chiflis el en La Palestra

Exista o no la famosa fecha límite del 29 de febrero del 2008 los costarricenses debemos hacer todo lo posible para que la agenda de implementación no esté aprobada para ese entonces.

luchando_contra_fraudeEn los últimos días se ha hablado mucho al respecto. Especialistas en el tema sostienen que la fecha límite es un invento del Gobierno para aprobar los proyectos a golpe de tambor. Otros afirman que se trata de un plazo cierto, que los proyectos deben estar aprobados antes de esa fecha para que Estados Unidos certifique el TLC. Algunos dicen que Costa Rica podría pedirle una prórroga a Estados Unidos. Hay quienes dicen que esa prórroga tendría que contar con el consentimiento de los otros países que forman parte del TLC.

En lo personal, comparto el criterio de quienes han manifestado que la agenda de implementación debe estar aprobada antes de esa fecha. Creo que el incumplimiento del plazo produciría efectos nefastos en el TLC, y no solo en lo que a Costa Rica se refiere sino que esa situación afectaría a todos los países que forman parte del tratado. Aun así, sea cual sea el caso, encuentro sobradas razones para resistir ante esos nefastos proyectos.

Si la no aprobación en tiempo de la agenda de implementación es capaz de accidentar la certificación del TLC, las razones por las cuales debemos resistir resultan evidentes.

Y que no me vengan con el cuento de la voluntad popular manifestada en las urnas porque todos sabemos que el referendo por el TLC fue una patraña, un verdadero insulto a nuestro sistema democrático, y sin duda es mil veces mejor obtener una victoria en las calles, mediante las manifestaciones pacíficas, o en la Asamblea Legislativa, haciendo uso de mecanismos legales como las mociones o el rompimiento del quórum, que triunfar mediante la compra de votos, el chantaje a los alcaldes, la intimidación de los trabajadores, las mentiras, el abuso de los medios de comunicación, el compadrazgo institucional, el apoyo de Gobiernos extranjeros, el fraude, etc. Además, es indiscutible que el referendo se realizó para decidir el TLC y nada más, las leyes de implementación siempre se trataron como un tema diferente, de forma que todavía nadie ha votado por las mismas.

Por otro lado, si la fecha límite no es tal, ya sea porque no existe o porque podría gestionarse una prórroga, también debemos resistir para desenmascarar al Gobierno.

No podemos olvidar que el presidente Arias se adueñó del referendo ciudadano con el pretexto de la fecha límite, aduciendo que el trámite de recolección de firmas tomaría demasiado tiempo, pues la ley contempla un plazo de 9 meses para cumplir con ese requisito. En ese entonces se le hizo ver al presidente que podía solicitarse una prórroga, sin embargo siempre despreció esa posibilidad, ni siquiera la tomó en serio, y con la complicidad de la Asamblea Legislativa y del Tribunal Supremo de Elecciones realizó un referendo fugaz y muy a la medida de sus intereses.

El solo hecho de de desmentir al clan de los Arias, de hacerle ver a los costarricenses que hay políticos en los que no se puede confiar, es razón suficiente para oponerse a la agenda de implementación. Aun así, la principal motivación es el convencimiento de que esos proyectos son una barbaridad, y que los diputados de la alianza oficialista no van a mover un dedo en beneficio de los costarricenses. Al igual que iban a hacerlo con el TLC, van a aprobar cualquier clase de proyecto que les pongan en frente, tienen más de 90 millones de razones para quedarse callados.

En este momento los diputados de oposición cargan una gran responsabilidad sobre los hombros. Prueba de ello es que el Gobierno y sus secuaces en los últimos días han intensificado los ataques mediáticos en procura de desprestigiarlos. Sin embargo, a estas alturas los opositores deben saber que no están solos, que hay muchísimos costarricenses luchando por la misma causa. Y si en verdad consideran que es una causa justa, que los proyectos son negativos para Costa Rica, entonces estarían en la obligación moral de oponerse, de intentar que los mismos no se aprueben, y nadie, ni su propia conciencia, podría recriminarles nada.


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