Oscar el valiente
Hace unos meses salió en cadena nacional, financiada con dinero de todos los costarricenses, vanagloriándose de la supuesta firmeza con que, en su primera administración, se había enfrentado al presidente gringo Ronald Reagan.
Esa cacareada valentía de Oscar Arias, así como el papel que jugó en el proceso de pacificación de Centroamérica, ha sido cuestionada en innumerables ocasiones. Incluso ex presidentes centroamericanos que vivieron la experiencia han desmentido la fantasiosa versión.
Estamos hablando de algo que pasó hace mucho tiempo, veinte años para ser precisos. Pareciera imposible que, transcurrido tanto tiempo desde entonces, las personas comunes y corrientes, que no tuvimos ninguna participación, sepamos a ciencia cierta qué fue lo que en realidad ocurrió en aquella oportunidad.
Sin embargo, hoy día contamos con nuevos elementos de prueba que arrojan luz sobre la presunta actitud sumisa que pudo haber tenido Oscar Arias en aquél momento.
Me refiero al triste episodio protagonizado por la administración estadounidense de George Bush, que pocos días antes de la celebración del referendo emitió varios comunicados, estilo ultimátum, advirtiendo que si Costa Rica rechazaba el TLC era prácticamente imposible la renegociación de otro Tratado, así como el mantenimiento de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe.
A pesar de que los comunicados se redactaron con la sutileza e hipocresía que caracteriza a los políticos, estaba clarísimo que se trataba de amenazas dirigidas, no al Gobierno, sino directamente al pueblo costarricense, y así lo reconocieron en sus reportes prestigiosas agencias internacionales de noticias.
Y el presidente Arias, en vez de pronunciarse en defensa de nuestra soberanía y del derecho de autodeterminación de los pueblos, más bien aprovechó la intromisión gringa para llevar agua a su molino, intensificó la campaña del SÍ con las mentiras de Bush, atacó con toda su artillería en tiempo de tregua electoral, gracias a medios de comunicación vendepatrias que durante varios días hablaron de la “noticia” como anunciando el Apocalipsis, y el resultado está a la vista: ganó el fraude.
No se sabe si fue el mismo presidente Oscar Arias quien le solicitó a su compadre Bush que emitiera semejantes comunicados. Un par de días antes del referendo, en entrevista para la cadena internacional Telesur, Otto Guevara, líder del Partido Movimiento Libertario, aliado condicional del Gobierno, manifestó que, en efecto, “alguien dentro de la Alianza del SÍ” había solicitado las infames amenazas del Gobierno estadounidense. Pero, claro, como todas las sospechas apuntaban hacia el presidente Arias, el único con la influencia necesaria para conseguir algo así, rapidito salió el embajador gringo en Costa Rica, Mark Langdale, echándose los clavos encima.
No obstante, esa oportuna confesión no exime de responsabilidad a Oscar Arias, verdadero cómplice del agravio, que todavía no ha movido ni moverá un solo dedo demandando respeto para nuestro pueblo. Quizá está esperando que pasen otros veinte años para tratar de engañar a nuestros hijos con el cuento de la vez aquella en que él solito, súper premio Nobel de la paz, enfrentó valientemente las amenazas del mayor genocida de nuestros tiempos.
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