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Nuestro deber

Costa Rica atraviesa un período de cambios drásticos y crisis en varias dimensiones de la esfera pública, entre ellos la política nacional y el modelo económico y social.

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Los costarricenses no podemos vivir estos cambios como una parte inactiva de la sociedad, tan solo siendo receptores de los nuevos modelos impuestos y adaptándonos a ellos sin cuestionar y sin lograr beneficios para la mayoría de los habitantes del país.

En este país estamos siendo testigos de una forma de gobierno que violenta las instituciones, que atropella los derechos y que abusa del pueblo de la manera más autoritaria, descarada, arbitraria y amoral que podamos recordar entre los gobiernos democráticos de Costa Rica. Este tiránico gobierno está liderado por un presidente ilegítimo que se escuda tras la sombra de un cuestionado Nóbel de la Paz.

Oscar Arias junto con su hermano, su gabinete, los diputados autómatas y los grandes empresarios, están destruyendo el modelo solidario de desarrollo que se había venido implementando en nuestro país, para entregarlo en bandeja de plata a los intereses de las empresas transnacionales y por supuesto rescatando cada uno de ellos su propia tajada de tan apetecido pastel.

Los costarricenses debemos conocer la realidad de lo que está sucediendo, no fiarnos de lo que nos presentan los medios de comunicación corruptos que protegen los intereses del grupo de mafiosos del gobierno y sus socios. Debemos entender lo que está pasando, informarnos y comprometernos a proteger aquello que estamos en riesgo de perder y que nos perjudica a todos y todas lo que hasta hoy  hemos disfrutamos.

Costa Rica, sus instituciones y su modelo solidario son el fruto del trabajo de nuestros antepasados, son el legado de nuestros abuelos y abuelas, llevan consigo el esfuerzo de nuestros padres y madres, son nuestra herencia, no debemos regalarlo, no debemos permitir que un grupo de capitalistas egocéntricos nos roben lo que nos pertenece, que sacrifiquen a todo el pueblo costarricense en beneficio de sus propias empresas. No podemos ser tan egoístas e inconscientes de no pensar en el futuro, en las próximas generaciones, de heredarles un país que no es nuestro, lleno de pobreza, desigualdad, de injusticia, sin acceso a servicios básicos y en el que todo se reduce a la posibilidad de ser comerciado.

En nuestras manos está el procurarnos las mejores condiciones de vida posible para el tiempo venidero, el preservar las instituciones y las condiciones que nos han permitido sobresalir con un modelo de desarrollo que permite que las clases más desposeídas, así como el resto de la población, puedan acceder a los servicios tales como salud, telefonía, educación y alimentos subvencionados.

Hoy la responsabilidad es de nosotros, no podemos permitir que un grupo de personas que ocupan puestos públicos, que algunos son de elección popular y que por ende deben responder a las demandas y necesidades de los electores, destrocen el Estado que ha cobijado a nuestras familias por generaciones, que desmantelen las instituciones que nos permiten hacer uso de servicios de excelente calidad a bajo costo. Hoy debemos comprometernos con los que vienen para poder legar un país en el que valga la pena vivir, en el que se respete la vida, se disfrute conscientemente del medio ambiente, en el todos y todas tengamos oportunidades de enriquecernos como seres humanos, en el que la solidaridad y el bien común sean valores que se practican a diario.

Es nuestro deber exigir que aquellas personas que trabajan para nosotros respeten y cumplan nuestros mandatos, que no lucren en su posición de empleados con los bienes comunes, que en cuatro años de su ejercicio presidencial no hagan piñata con el país.

Es nuestro deber exigir y hacer respetar nuestra tierra, es responsabilidad de todos los que aquí vivimos defender la patria de los déspotas, corruptos y enemigos del pueblo costarricense.

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